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martes, 18 de marzo de 2014

Como cada mañana...

Como cada mañana se refugió entre las sábanas durante unos instantes antes de sentarse al borde de la cama.

Como cada mañana se afeitó con el agua templada y se enjabonó la cara y las axilas para después rociarse con el desodorante.

Como cada mañana se vistió con la ropa que había preparado el día anterior y besó en la frente de su mujer que como cada mañana aún seguía dormida.

Como casi cada mañana tomó la linea 3 del metro, se procuró un asiento y dejó perder su mirada en la pantalla del móvil.

Como cada mañana se sintió miserable y agotado.

Como cada mañana tuvo que engañar a dos o tres ingenuos.

Como cada mañana la mañana se hizo tarde.

Y la tarde se hizo noche.

Y la noche era una mañana sin luz.

Como cada mañana se refugió...

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martes, 6 de agosto de 2013

Rastros de un café

Laura sacudía el sobrecito de azúcar que el camarero había colocado estratégicamente junto a su taza. Miró su reloj mientras disolvía el azúcar en el café; las siete y media. Hacía ya veinte minutos que Paula y Cristina debían estar charlando junto a ella. Seguro que Paula se ha entretenido admirando sus nuevas tetas de caucho, murmuraba mientras dejaba la cucharilla gotear sobre el platillo. Su móvil se estremeció sobre la mesa. Era Cristina. No podía venir. Su hijo Fran volvía a tener anginas. Lo más seguro es que se las extirparan el viernes. El móvil volvió a vibrar dos minutos después. Esta vez era Paula. Sólo envió un escueto mensaje para no tener que dar demasiadas explicaciones.

Laura se había quedado únicamente con su taza de café. Dirigió su mirada hacia el exterior. Comenzaba a llover con fuerza. La gente corría en busca de un lugar donde refugiarse. De repente, la puerta de la cafetería se abrió de golpe. Un joven desaliñado y desgarbado entró tambaleándose hacía el interior. Con un suspiro de alivio pidió una gran taza de chocolate caliente. Laura lo observaba con curiosidad. Aún eran las ocho menos diez. El café se había agotado y lo único que le pedía su cuerpo era una gran taza de ese chocolate caliente.

chocolate a la taza60

lunes, 24 de junio de 2013

Puzzle

Aquella tarde, a la sombra de un café, sucedió algo maravilloso: se enamoraron.

Ella traía la rutina cosida a su sombra y una mirada tan lejana que parecía que ya no podría volver.

Él se refugiaba en tierras imaginadas y le colgaba la desesperanza por sus hombros.

Ella dibujaba mariposas y luciérnagas en el vaho de los cristales y jugaba a que era feliz.

Él ahogaba su timidez con sonrisas y silencios y bisbiseaba poemas de memoria en sus ratos libres.

Ella se fijó en la pajarita de papel que sobresalía de las páginas del libro que estaba leyendo.

Él en su forma de agitar la cucharilla del café.

En el corazón de ambos había un vacío denso  y oscuro. Ella, entonces, atrapó del borde de su corazón la sustancia necesaria para rellenar el hueco de él que, a su vez, atrapó del centro del suyo la sustancia imprescindible para ocupar el de ella.

Pero no encajaron. La sustancia no lograba fusionarse y quedaba como una pieza de puzzle mal colocada. Él, entonces, rescató de nuevo la parte del corazón que ella le había dado y recogió la parte del suyo.

Se sintieron tristes y más desesperanzados que nunca. Pero se encontraron sus miradas y ella, decidida, volvió a rellenar la parte del corazón de él; y él, seguro, lo hizo con el de ella.