domingo, 14 de diciembre de 2014
Mi Álbum Ilustrado
domingo, 23 de marzo de 2014
Vagando ideas...
Poesía no es un determinado número de versos agolpados en un papel, poesía es la mirada de dos amantes y el polvo que oculta el camino; poesía es la charla del café y las prisas del viajero. Solo eso y nada más, que diría un viejo pájaro maldito.
La poesía es íntima y universal, egoísta y solidaria. La poesía solo necesita un espacio donde escribir, ya sea la puerta de un baño o el margen de tu libro preferido.
La poesía solo pertenece a todo el mundo.
miércoles, 17 de julio de 2013
Tsumiki no le (La maison en petits cubes)
A veces te encuentras con sorpresas inesperadas. Con destellos de sensibilidad, de luz e inteligencia en forma de pieza de animación.
Tsumiki no le (La maison en petits cubes) es una historia aparentemente sencilla e intimista que nos habla de la memoria, de los recuerdos vividos, de la vida en definitiva. Kunio kato, su director, fue el segundo japonés en ganar un Óscar en el 2008 tras la célebre El viaje de Chihiro.
Funde lo simbólico con lo real, adentrándonos en un mundo onírico y extraño pero familiar a un tiempo. Poco importa qué sucedió y cómo en esa tierra acuática y lejana. Lo que nos atrae es esa figura entrañable e hipnótica que lucha e intenta sobrevivir a pesar de todo, a pesar de ese mar que le va persiguiendo implacable. A ello también ayuda la técnica empleada en la animación, pues kato juega a darle apariencia tradicional, casi como si estuviera echo con planchas una a una, a la antigua usanza, pero que, sin embargo está realizado con las más novedosas herramientas informáticas.
Aquí lo dejo, espero que lo disfrutéis tanto como yo. Y no os asustéis, a pesar del título no está en francés ni en japonés, es un corto sin palabras.
martes, 2 de julio de 2013
Escritura
Suelo escribir en pequeños libretas de tapas negras o en cuadernos de espiral. Salto de una a otra dependiendo de lo que suponga que vaya a escribir. Pero siempre me acompaña una de ellas, casi antes que mi cartera.
Escribo en cafés. En los parques, sobre la hierba, bajo la sombra de un árbol. Escribo sentado o tumbado sobre mi cama. En el tren. En el metro. En los autobuses. Escribo a lápiz en mi libreta de tapas negras. A bolígrafo en los cuadernos de espiral.
Tengo cuadernos más grandes donde escribo mis relatos y mi aún inacabada novela.Tengo un cuaderno que reservé, una vez, solo para poner las ideas de relatos o historias que se me iban ocurriendo. Pero no duró mucho. No suelo escribir con ideas preconcebidas. Tengo otro que comenzó como un "diario intermitente" pero se quedó ahí, agotado y con la mayoría de las páginas en blanco. Tengo una libreta de tapas negras solo para dibujar en la que intercalo frases y mínimos textos que poco a poco ha ido ganando terreno.
...
Ahora escribo esto en una antigua libreta frente a un café con hielo. Después, en casa, atraparé estas palabras escuchando la radio.
Creo que nunca me acostumbraré a escribir en el ordenador.
jueves, 27 de junio de 2013
El círculo infinito
Leí Rayuela quizás hace diez o doce años. Llegué a ella a través de los cuentos de Cortázar. Aquellos relatos me fascinaron tanto que tuve que leer todo lo que hubiera publicado. A cada relato que terminaba de leer, me sobrevenía una sensación de impotencia al saber que jamás podría escribir ni tan siquiera algo parecido. Por fortuna, luego venían a mí mis propias historias y, aunque siempre estarán alejadas, forman parte de mi mundo.
Así, inevitablemente, comencé a leer Rayuela. Lo hice como mandaban los cánones (o Cortazar), o sea, dos veces. Una del capítulo uno al 56 y otra empezar por el capítulo 73 y seguir la pauta marcada que te iba llevando de un capítulo a otro sin que adivinaras muy bien con qué criterios lo hacía. Tiempo después, cuando he ido profundizando en análisis literarios y técnicas narrativas me di cuenta de que fui un lector pasivo, acomodado, que no quiso salirse de lo "convencional".
En realidad Rayuela tiene tres partes: "Del lado de allá" (lo que sucede en París), "Del lado de acá" (lo que sucede en Buenos Aires) y "De otros lados (Capítulos prescindibles)". Ya con esta última parte Cortázar nos está invitando a evitar leer esos capítulos y convertir la novela solo en dos partes. Para decirlo de otro modo, nos incita a participar en la "escritura" de la novela. A dejar de ser lectores pasivos, como hasta ese momento se había sido en la gran mayoría de la literatura universal, y conformarnos nosotros mismos nuestra propia lectura.
De Rayuela se recuerdan fragmentos, sensaciones, asombro. Como ese convertir en objeto sagrado y casi mágico sacrificando un paraguas viejo y roto tirado en una calle, al modo de los objets trouvés surrealistas. O el encontrarse sin buscarse La Maga y Oliveira, pues si no el azar no les encontraba no merecía la pena siquiera estar juntos. O la lluvia y las calles de París, el jazz, el humo, los cafés.
Puede parecer abrumadora, de hecho, confieso que algunas capítulos se me hicieron tediosos y excesivamente disgresivos. Pero a ella hay que adentrarse sin complejos, aletoriamente, como si fuera fragmentos aislados, y dejarse llevar por el ritmo de las palabras y las imágenes.
Y terminar con ese balanceo de atrás hacia adelante en un movimiento perpetuo, en la novela que no es una novela sino todo lo contrario...
sábado, 15 de junio de 2013
Café
Escucho "Baby Love" de "The Supremes" en la radio de mi mesilla mientras intento escribir estas líneas. A mis dedos se me vienen imágenes de una pequeña cafetería de barrio donde tomó mi café y mi barrita con tomate cada fin de semana. Se me cruza una sonrisa y un suave y, en apariencia, sedoso cabello largo y negro. Una charla entre compañeros de trabajo sobre tipos de cerveza y ruedas de maquinas pesadas. Ella interviene sobre lo difícil de cambiar una rueda de un tipo de coche determinado que recuerdo con vaguedad. Luego va al baño, apura su zumo de naranja y se despide. Yo la rocé con mi mirada y me sumí de nuevo en mi café.
Eran las once y media de una mañana tranquila y expectante.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Feliz ignorancia
¿Y qué dice entonces la letra? Que los problemas, la soledad, el desamor, la tristeza han vuelto y que se quedarán para siempre. Que ahora no es ni la mitad del hombre que solía ser. Que añora tanto el ayer. Ese ayer donde el enamorarse y desenamorarse era tan fácil. Donde todo era un juego aparentemente inocente. Ahora solo quiere esconderse y desaparecer.
Bueno, es una interpretación mía pero creo que se aproxima bastante. En todo caso, no puede haber nada más lejos de un amor que se presume feliz y eterno.
domingo, 11 de marzo de 2012
Sensaciones
Nada...
Solo poesía.
Foto de José Luis Sandoval
viernes, 9 de marzo de 2012
Rutinas
Nada más sucedió.
jueves, 8 de marzo de 2012
Día de la mujer
Y como, a veces, una imagen vale más que mil palabras dejo la reflexión de ese genio que es Forges.
viernes, 2 de marzo de 2012
Pasos al frente
Un antiguo filósofo griego dijo alguna vez que en la vida existían dos opciones: descansar o ser libre. En mi caso estuve derrumbado sobre un sillón la mayor parte de mi vida, aunque creo que más bien por inercia que por servilismo. Era mucho más cómodo desaparecer entre mi mundo, que enfrentarme a la ingratitud de la sociedad. Siempre disfruté más jugando solo que con cualquiera de mis escasos amigos. Se entrometían en mis silencios y mis batallas de soldados de juguete. Pero debía convivir en sociedad y si me apetecía jugar solo con mis juguetes y mis libros, se colgaba la etiqueta de tímido y reservado. Quizás fuera cierto aquella distinción, aunque tal vez no dejaran expresar mi verdadera identidad.
Pero decidí ser libre. Como dijo Borges, un mañana te levantas y descubres realmente quien eres. Aún no he descubierto quién soy, pero de lo que sí estoy seguro es de quién no soy. Desde el momento en que deje de escribir esta entrada intentaré, en la medida de mis posibilidades y las de la sociedad, no encarnar más otro personaje.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Conversaciones...
Apuré mi café, lo acerqué a la barra y me fui de allí con la tranquila sensación de no pertenecer a uno de esos mundos.
martes, 28 de febrero de 2012
Pereza
Así que hoy solo escribiré que no escribo.
lunes, 27 de febrero de 2012
Sueños...
Yo soy uno de esos pobres diablos, uno de esos idiotas que, aunque no logre alcanzar mi sueño, no dejaré de luchar por él.
jueves, 23 de febrero de 2012
Escalofríos
La próxima vez que me clave en la mirada de una desconocida prometo al menos intentarlo.
martes, 21 de febrero de 2012
Tipología del aficionado
Aficionado radical agresivo
Este tipo de aficionado es, como el propio título indica, el más peligroso y violento. Utiliza el deporte como mero vehículo para canalizar su agresividad, escudándose en la masa con el resto que son como él, donde puede expresar su odio e intolerancia que en otros ámbitos le sería imposible. Suelen ser jóvenes en un amplio espectro desde la adolescencia (15-16,17 años) hasta la treintena. Más allá de esa edad solo quedan sus líderes que ya son conscientes de su agresividad y la utilizan para manipular a sus pupilos. Hoy el deporte, y en concreto el fútbol, es el sustituto de aquellas guerrillas que asolaban la Tierra en la lucha por los territorios vecinos, el problema está cuando ya no es mera sustitución sino el eco inmediato de esa violencia.
[caption id="" align="alignnone" width="768" caption="Violencia Ultra en Egipto"]
Aficionado gruñón
Para él todos los que no siguen su cuerda están en su contra de su equipo. Terriblemente susceptible, es habitual de los programas deportivos de radio y televisión de cuyos presentadores exige la confesión de su equipo favorito, casi siempre creyendo que conspira contra el suyo cuando en realidad la mayoría de las veces no hacen más que arrimar el ascua a la sardina que más les favorece en cada momento. Sufridores natos que se toman el deporte demasiado en serio quizás porque sin él su vida se le haría insoportable.
Aficionado fanático devoto
Podríamos decir que es una variante del tipo anterior, como si diéramos una vuelta de tuerca de más. De alguna forma sustituyen cierta carencia afectiva que, en mayor o menor grado, suelen tener (aunque en realidad quién no tiene en mayor o menor grado esa carencia...) y hacen de su equipo el único valor importante en su vida. Suelen ser los tipos raros, los que siempre suelen salir en los zapping y en resúmenes deportivos para mostrarnos su rareza, su extrema pasión por el equipo de sus amores. Sería envidiable su actitud sino fuera porque igual que lloran de emoción y de alegría casi hasta el paroxismo también caen casi en depresión cuando los resultados van mal y su alegría anterior se torna en tragedia.
[caption id="" align="alignnone" width="244" caption="Descenso del Betis"]
Aficionado "estandar"
El ponderado. El que se alegra enormemente por las victorias y al que tan solo le disgustan ligeramente las derrotas. Son los que ocupan el grueso de la afición cuando todo viene de cara y los que abandonan cuando se tuercen. Para él es solo un juego, un divertimento que sirve de excusa para estar con amigos y tener siempre temas de conversación. Con matices claro está, pero creo que es el tipo de aficionado al que me adscribiría.
Aficionado Puntual
El que solo es aficionado cuando ocurre un gran evento deportivo como las olimpiadas, o una Eurocopa o un Mundial de fútbol. Animan incluso más que los habituales pues se sienten como parte de un espectáculo que no es solo deportivo sino un acto social en el que todos participamos. Aparecen, claro está, con la selección española pues simboliza a todo un grupo del que, como ya he dicho, formamos parte.
El no Aficionado
Cuando toda una ciudad o incluso todo un país está encerrado en bares o o salones de la casa, él se va al cine o al teatro o a cualquier otro lugar donde no se hable ni escuche nada del evento deportivo. Están fuera de ese mundo y no logran desentrañar el por qué de tanto entusiasmo ante algo tan aburrido.
Pues creo que ya está. Espero que haya gustado este pequeño análisis personal y totalmente transferible y del que seguro se podrían sacar muchos más tipos. ¿Alguien se anima a dar alguno(s) más?
lunes, 20 de febrero de 2012
Cosas de fútbol
Aunque claro, el poso me quedó de forma irremediable y casi instintivamente asociaba el Real Madrid a mi padre y a mi familia. Porque, como él, toda mi familia participaba de ese sentir. Y me refiero a mis abuelos y a mis tíos, a mis primos. Decir que eras del equipo contrario era casi convertirte en la oveja negra. Por supuesto no te iban a dejar de invitar a comuniones ni a desterrarte a algún país lejano pero era un ir contracorriente que salvo algún rebelde (más por el mismo sentido de rebeldía que porque le gustara más o menos el fútbol). Y precisamente era ese sentimiento no de rebeldía sino de pertenencia a un grupo lo que me aferró aún más al equipo blanco. Y sufría por verle perder. A veces demasiado. Por suerte en mi infancia la quinta del buitre campaba a sus anchas y, el ahora invencible y casi excelso Barcelona, pasaba sin pena ni gloria por los campos.
Con los años aprendí a relativizar los resultados y practiqué una máxima que hasta el día de hoy me ha venido francamente bien:
Alégrate hasta la locura cuando gana tu equipo; mantente indiferente ante la derrota.
[caption id="" align="alignnone" width="199" caption=""El buitre""]
Y mañana, la segunda parte: Tipologías del aficionado
sábado, 18 de febrero de 2012
Esas pequeñas cosas...
Es una de esas pequeñas cosas que te reconfortan con la vida.
[caption id="" align="alignnone" width="317" caption="Garcilla cangrejera"]
[caption id="" align="alignnone" width="259" caption="Garza real"]
Fotos tomadas de:
http://www.ojodigital.com/foro/flora-y-fauna/349680-garcilla-cangrejera.html
http://www.seo-alicante.org/noticias_anteriores/2008/cuaderno_dic08.htm
viernes, 17 de febrero de 2012
Al calor de un café
Por aquel entonces tenía que coger un autobús que me llevara al trabajo justo a la salida de la estación de tren. Siempre llegaba casi veinte minutos antes de la hora así que no tenía muchas opciones aparte de escuchar música o leer algún libro, pues mis compañeros solían apurar mucho más. Además, la cafetería se encontraba en el interior de la estación y no había posibilidad de que perdiera el autobús. Solo pedí un café con leche. Me senté en una de las mesas y respiré hondo, comprobando que el mundo no me señalaba, burlándose por estar solo.
Y me gustó. Me gustó la sensación de poder observar desde fuera, de escuchar conversaciones inocuas o realmente importantes. Fue ese momento el que me impulsó definitivamente a escribir, el que me hizo darme cuenta de que era un escritor, a pesar de que no lograra publicar nada en toda mi vida.


